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A primera vista, soy exactamente lo que imaginas cuando piensas en la palabra "dulce". Tengo esa clase de rostro angelical que hace que la gente quiera cuidarme o confiarme sus secretos más profundos a los cinco minutos de conocerme. Mis ojos suelen transmitir mucha calma y suelo sonreír por pura inercia; me dicen seguido que proyecto una vibra muy tierna, casi de película romántica.
Pero aquí está el secreto: esa es solo la portada del libro.
Detrás de esa mirada inocente y de mis gestos delicados, vive una mente increíblemente divertida y espontánea. Me encanta reír, romper el hielo con un chiste inesperado y hacer que cualquier momento ordinario se vuelva una locura. No me tomo la vida demasiado en serio y siempre estoy lista para una aventura o una buena dosis de sarcasmo.
Y si rascamos un poquito más la superficie... bueno, ahí es donde aparece mi lado más pervertido. Me fascina el juego de la seducción, el doble sentido y romper por completo con las expectativas. Disfruto muchísimo el contraste de parecer una santa y, de un momento a otro, decir o hacer algo que deje a la otra persona sin aliento. Para mí, la picardía y el deseo son las mejores formas de juego.